Tres caminos tengo para llegar
al balbuceo senil que nadie oye. Inocencia y culpa hay en las nubes,
risa y llanto en los ojos:
juego de respiros en la sangre
que busca el corazón deshabitado.
Saltan de una estrella a otra,
olvidan luego sus pañuelos sobre
la tierra. La carne tiembla
al dormir el sueño donde la edad de la risa
se enreda con su lengua de trapo.
El polvo de los caminos
toca su flauta anunciando el mar.