Ahora es tiempo de cansarse
como el metal que cede y desvanece
ultrajado por su propia musculatura
o la piedra que se desmorona
y se hace grano y luego polvo.Ya es tiempo de que nos cansemos
de tanto hacer lo mismo.
No perturbemos sus discursos
con nuestra sangre prohibida;
que se queden con los bultos
y las sombras.
Dejemos a los poeta del silencio
el vértigo oblicuo de los ríos
y los rostros que se esfuman de las paredes.
Ahora que nos acostumbramos a la lluvia,
a la ausencia, no del que fue castigado,
nos toca descubrir las navegaciones del beso
y sin que me digas tu nombre,
de guardia, hacer el amor en las esquinas,
y bajo la lentitud del fuego
levantar nuestra propia justicia.
Canciones del Gato. Santiago: Editorial Horizonte, 1976.